Trombas marinas en la costa.

Quizás esta colección de fotografías de Manuel Conde es la más espectacular que hemos recibido y, adjunta a esta magnífica colección, Manuel hace un relato de cómo vivió esta intensa jornada de ‘caza':

 

15:00 -17:00 – Tras una intensa mañana de trabajo, llegó la hora de comer. Antes de salir del despacho abrí en mi portátil la página de Infomet donde acostumbro a darle una ojeada a las secuencias del Meteosat y a la composición de los radares de Vallirana y Puig d'Arques. La perturbación se había formado tal y como se había anunciado. En la página del SMC, teníamos aviso de situación meteorológica de riesgo, donde avisaban de lluvias intensas acompañadas de tormenta y localmente granizo o piedra. Una vez en casa, cogí mi cámara y comencé a tomar fotografías de esa especie de tela compacta que cubría el cielo de una amplia gama de grises. En el radar se apreciaba una línea de precipitación acercándose desde el Este por el mar.

16:00 – 18:00 – Absorto en mi trabajo, me olvidé por un rato de lo que acontecía en el exterior aunque observando de tanto en cuanto por la ventana a ver si llegaban las tormentas anunciadas y tan esperadas. Hasta que en una pausa, para fumar un cigarrillo en el balcón de la oficina que da a la Avenida Constitución, vi aparecer en la franja de cielo libre entre las líneas de edificios de la avenida, una bandada de gaviotas que supuse eran las que suelo ver a la altura de la playa de Les Botigues, donde a veces se agrupan, flotando cerca de la orilla al cobijo de las montañas del macizo del Garraf y el dique del Port Ginesta. Las mismas que cuando el mar está revuelto y escasea la pesca, se ven cerca del vertedero del Garraf, en Gavá.

 

18:00 – 20:00 – COMIENZA EL FESTIVAL La bandada de gaviotas comenzó a trazar círculos espirales en el aire de un modo que sólo he visto cuando anuncian algún fenómeno adverso, tal como tormentas, nevadas, etc. Ese detalle acompañado de un ennegrecimiento súbito del cielo, me llevó a coger inmediatamente la cámara, tuve el presentimiento, la sensación de que aquella nube de la cual sólo podía ver la base, traería acción consigo. Curiosamente no recuerdo rayos ni truenos significativos, tan sólo el “nubarrón” veloz y amenazador y un aire húmedo, muy húmedo y cálido. Las gaviotas se desplazaron hacia el sur, trazando esos círculos en espiral, perdiéndose tras los edificios. Y entre los típicos comentarios de la gente, “¡mira que nube más negra!”-” la que va a caer”, solté “pues esto puede ser un tornado” al tiempo que volvía hacia mi despacho desde donde mi ventana podría seguir el peculiar vuelo de las gaviotas y el otro lado de la nube, de hecho el que se nos venía encima. Vi que no se trataba de una nube muy extensa ya que la luz del sol asomaba a media altura en el horizonte urbano, pero el contraste de luces y lo colosal del cúmulo nimbo que debíamos tener encima me pareció una interesante imagen para fotografiar. Y tal y como preparaba la cámara para disparar, vi como la base de la nube comenzaba a girar al tiempo que surgía con rapidez un torbellino. Con el primer disparo ya había un embudo formándose. Obtuve una secuencia de 55 fotos. Gracias a ello, puedo reproducir el proceso de formación del primer tornado de la tarde.

Al ver que la nube permanecía ahí como estancada a pesar de la velocidad con que se movía, pensé que quizás aún podría suceder algo interesante así que junto con mi amigo y compañero de caza Alberto, decidí coger el coche e ir a ver al menos, los efectos de aquel tornado. Debíamos dirigirnos hacia la playa. Para ello, el camino más corto es cruzar el puente que pasa bajo la vía del tren y continuar tras la estación de RENFE hacia la Avenida Barcelona y de ahí hacia la playa, siguiendo la base de la nube. Hay una sensación que es difícil de explicar pero seguro que fácil de entender para los “meteolocos”, es esa especie de escalofrío que te recorre el cuerpo y te pone los pelos de punta, cuando intuyes que algo ocurre y de repente se produce. Nada más rebasar el puente y llegando a la parte trasera de la estación de tren, sentí como el coche dejaba de responder, comenzó a dar sacudidas como cuando se cala seguido de un acelerón, como si las ruedas hubieran dejado de tocar el suelo. Simultáneamente el crujido provocado por cosas que se rompen y un torbellino de polvo, ¡nos estaba pasando otro tornado por encima!; no sé como pero me hice con la cámara y aunque no pude adecuar los parámetros de disparo a la situación disparé algunas fotos. Por suerte, no era de los más potentes y aparte de algunas ramas, vallas publicitarias tumbadas y de ver como un container de basura se desplazaba de un lado a otro de la calle como si de una lata de bebida entre los pies de un niño se tratase, no hubo que lamentar mayores daños. Eso sí, un susto de los de verdad. Había por allí una patrulla de la guardia urbana junto con una furgoneta de los bomberos ocupándose de la inundación de las calles, que no daban crédito a lo que veían, quedando absolutamente desbordados por el aluvión de llamadas que recibían por todos lados.

 

De camino a la playa vimos otro en formación, parece que éste es el que provocó daños en el barrio de Gran Vía Mar, rompiendo ramas, árboles y algunos desperfectos en el Hotel Catalonia. Así como éste, parece que hubieron algunos tornados, pequeños y de corta duración, pero desperdigados, apareciendo en cualquier momento en el lugar más inesperado.

Me resultaba demasiado difícil obtener encuadres precisos y claros desde esa posición justo bajo los tornados, así que decidí buscar una perspectiva más amplia. Entonces llegamos a la playa por la Calle 11 desde donde obtuve series de fotos de varios tornados. Uno de ellos, de gran envergadura parecía dirigirse hacia el aeropuerto. Veíamos pasar los aviones como si nada ocurriese en la misma dirección, y se me antojó que podía ocurrir alguna desgracia por lo que llamé al SMC, a los bomberos y al 112 para avisar de que se estaba produciendo esa situación, pero me di cuenta de que no me tomaban en serio. No me extraña, recibir una llamada de alguien que te dice que hay varios tornados campando a sus anchas y que al menos uno de ellos va hacia el aeropuerto… En el SMC me dijeron que comprobarían el dato. Unos minutos después me devolvían la llamada, parece que dos tornados estaban haciendo estragos en el Aeropuerto del Prat, y entonces me pidieron que les enviase las fotos.

 

Tras saciar mi objetivo de diferentes tornados, decidí cambiar de posición y seguir a los que entraban en tierra, para ello tomamos el Paseo Marítimo dirección Gava Mar. Me di cuenta enseguida de que no iba resultar tan sencillo llegar hasta Gavá Mar. De inmediato nos encontramos con que un vehículo de la Policía Local cortaba el Pº Marítimo, Los efectos de un tornado obligaban a ello al encontrarse la vía llena de desechos esparcidos. Mi natural curiosidad me empujaba a ir a ver lo ocurrido, pero pensé que los destrozos continuarían allí mas tarde, los tornados sin embargo, no me esperarían.

Transcurrimos por calles inundadas, temiendo en todo momento quedarnos allí tirados, las pocas personas que nos cruzábamos miraban atónitas entre incrédulas y sorprendidas lo que ocurría.

 

 

Cuando por fin pudimos alcanzar el puente que cruza sobre la autovía, dos tornados amenazaban a los sorprendidos conductores, hacia el Sur, en la playa aún habían otros dos entrando a tierra, hacia Viladecans y Sant Boi también se veían uno retorciéndose en tirabuzones y otro que semejaba una serpiente. Hacia la montaña, la fuerza de las corrientes ascendentes cargadas de una energía como nunca antes había visto, generaban unas formaciones nubosas tan impresionantes como increíbles, tan bellas que casi olvidaba la amenaza que representaban. Hundiendo mis pies en el barro de las huertas, monté el trípode y disparé mi cámara una y otra vez a un lado y a otro intentando abarcar el máximo campo de visión. Una nube en especial me llamó la atención pues pareció concentrar toda la energía desencadenada, provocando la ascensión en espiral de grandes masas de vapor compacto, creando en cuestión de minutos un hongo, similar al de una explosión nuclear, en cuya base otro tornado parecía alimentar su insaciable capacidad de desarrollarse. En aquel momento, la luz solar comenzaba a perderse del todo tras las montañas del Garraf, pero contra lo que era de esperar, de pronto sucedió algo muy extraño. La luz volvió a inundar el cielo. Era una luz casi sobrenatural, debida al reflejo de los últimos rayos del sol, más allá del horizonte, en las lejanas, muy lejanas cumbres de aquellas auténticas catedrales. Y entonces pudimos observar como en el cielo abierto entre las paredes de nubes, el aire giraba en sentido ciclónico, provocando la aparición entre luces, de una serie de círculos concéntricos, similares a los que veríamos en el corte del tronco de un gran árbol. Pensamos ambos que se trataba del “ojo” de la perturbación.

 

Después la luz desapareció y se me acabaron las tarjetas de memoria de la cámara. Desmonté el trípode guardé el material y nos sentamos a fumar un cigarrillo.

 

El silencio del lugar, sólo era roto por un extraño brumor del viento. Y de tanto en cuanto el retumbar de los truenos…

 

Tras la pausa, recorrimos el camino a la inversa para tomar imágenes de los efectos de los tornados. Al ver los destrozos causados, tuvimos una perspectiva más clara de su fuerza destructiva. La verdad, es que es milagroso que no se produjeran más que algunos heridos de diversa consideración.

Fotografías Manuel Conde.